Sábado, 02 Septiembre 2017 00:00

Maldonado sí, Maldonado no

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Sería fácil escribir una editorial en que haga énfasis en la aparición de Santiago Maldonado, ¿quién diría lo contrario?

Sumarse a las diatribas sobre el caso del joven militante no ayudaría en nada, tanto de un lado como del otro. Eso solo serviría para aumentar la voluntad radicalizada de unos y de otros, es decir, de los que están en contra del actual gobierno de Mauricio Macri, como de aquellos que están a su favor. Dichos de unos y de otros le dan la existencia a una grieta que la mayoría del pueblo argentino no entiende y detesta. Cansan con una cosa o con la otra. Desgastan las pocas credibilidades que le queda a la clase política, a la justicia y a algunas fuerzas de seguridad.

El caso Maldonado ha llegado a este punto de debate porque la mayoría ya no cree en la justicia, ha dejado de creer en los políticos y sospecha de los medios de comunicación masivos. 

En nuestro país han ocurrido demasiados hechos violentos en que personas perdieron la vida o desaparecieron. La mayoría no ha recibido la justicia que se merece, pero no porque haya un psicópata al mejor estilo Hannibal Lecter que burla a los investigadores con su extraña inteligencia. No, la falta de justicia proviene de la impunidad, de esa impunidad que surge del poder político-económico. Después, ocurren casos en que a las fuerzas de seguridad, mal entrenadas, no se controlan o no saben actuar, y terminan matando gente en manifestaciones u otros eventos. 

Hay algunos que son íconos de su tiempo y marcan fuertemente a las sociedades. El caso de Julio López es uno, porque esa desaparición se inscribe claramente en un mensaje tenebroso: que en democracia alguien puede desaparecer. La muerte del fiscal Alberto Nisman es otro: que en democracia se puede matar en el marco de la alta política de Estado. Y en nuestra región el caso de Paula Perassi completa esa lista de atrocidades.

Ahora, si los resortes del Estado (no ya de un gobierno en particular) no están preparados para estos temas, es porque el mismo Estado, a través de los distintos gobiernos, no ha hecho nada, no ha tenido ni tienen el valor de enfrentar estos problemas que subyacen o es cómplice porque lo utilizan. Y esos problemas que subyacen son los servicios de inteligencia, las fuerzas armadas y de seguridad, las policías, etc. 

El Estado tiene todos los instrumentos para prevenir, investigar y hacer justicia. 

El caso de Santiago Maldonado es muy reciente, pero deja entrever, una vez más, esa impunidad llena de siniestra acción y hasta de torpeza supina que los gobiernos han demostrado en los últimos años.

Entender las causas, conocer el accionar, pensar profundamente sin esa tonta pasión del momento, nos ayudaría a buscar ese ansiado camino de paz y crecimiento que buscamos desde hace mucho tiempo.

 

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César Ríos

Director editor Diario Síntesis.

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