Miércoles, 20 Septiembre 2017 00:00

Un factor común a las desgracias

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Esta semana se conoció parte del peritaje realizado por Gendarmería Nacional, acerca de lo ocurrido con la muerte de Nisman y todo parece indicar que lo asesinaron a sangre fría y que el hecho fue consumado por un profesional. La semana que viene se conocerá en detalle el informe de los peritos, que seguramente trasuntará por esta definición. Como siempre, en varias oportunidades hemos hecho hincapié en las falencias de la Justicia a la hora de enfrentar casos difíciles como estos, que en realidad son difíciles porque existe siempre detrás un trasfondo de poder político y económico que parece ser el motor de las desgracias. Como en casi todas las desgracias institucionales argentinas. Ocurrió con el caso de la desaparición de Julio López, de Marita Verón y de nuestra Paula Perassi. Y por supuesto sin olvidar los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA. La explosión de la fábrica de armas de Río Tercero, el “suicidio” del jefe de la policía federal Pirquer en los años noventa y hasta la sospechosa muerte del hijo de Carlos Menem y de Silvio Oltra. En fin, la lista puede ser muy larga. Y en cada caso en particular existen contextos diferentes para abordar las investigaciones. Pero, ¿qué hay en común en todos ellos? La Justicia. Una justicia por momentos sumisa y “presionable”, en otros corrupta, a veces inepta, generalmente sin estar a la altura de la situación.

Hoy, más que nunca, se puede observar esto en el caso de la desaparición de Santiago Maldonado, que a simple vista y por experiencia, nos encontramos ante la estupefacción de funcionarios judiciales, frente a un hecho que se estira en el tiempo y que conmociona cada día más por la turbia actuación de muchos de los involucrados. 

Y esa turbiedad es producto de la falta de actuación de la justicia o por su lenta reacción, por definir con respeto una actitud que podría encuadrarse en otra figura. 

Pero, ¿acaso no vivimos esta realidad en nuestro terruño con el caso de Paula Perassi? Un caso que, a fuerza de la  lucha de un padre pudo sostenerse en la opinión pública y rasguñar un poco de justicia, o por lo menos un poco de atención de parte de la justicia.

El manoseo de casos sensibles termina inyectando a la ciudadanía una peligrosa sensación de desconcierto y descreimiento, que corroe a las instituciones en sus mismos cimientos.

 

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César Ríos

Director editor Diario Síntesis.

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